¿Por qué nos cuesta creernos nuestra propia mejoría en terapia?
En mi práctica clínica lo observo con frecuencia: después de unas semanas aplicando las herramientas trabajadas, el paciente suele empezar a notarse más animado, activo, motivado. Sin embargo, en lugar de celebrar el avance, se vuelve cauteloso y anticipa la recaída: «A ver cuánto dura».
Este fenómeno es muy común en los procesos terapéuticos. Cuando una persona empieza a experimentar mejoras, el alivio no llega de golpe; lo que aparece primero son desconfianza y miedo.
Esta reacción no implica una recaída; es, más bien, el reflejo de la memoria del sufrimiento y el temor natural a la incertidumbre.
La memoria del sufrimiento: Por qué nos cuesta admitir que estamos mejor
Esta cautela es, evidentemente, una defensa construida desde el miedo a volver a sufrir. Quien ha experimentado ansiedad, sentimientos depresivos o pensamientos obsesivos, sabe lo devastadores que pueden ser. Por eso, cuando empieza a sentirse mejor, percibe el hecho de admitirlo como un riesgo, un exceso de confianza peligroso. La mente recuerda el malestar pasado y asume que, si se relaja y disfruta del progreso, quedará desprotegida ante una posible recaída.
El pensamiento «a ver cuánto dura» actúa como una protección distorsionada: un intento desmedido por controlar la incertidumbre y predecir el futuro. La mente activa un estado de alerta, paradójicamente, para sentirse más segura. Pero la realidad es otra: sufrir por anticipado no protege de nada; solo duplica el sufrimiento.
El verdadero avance terapéutico: Entrenar la tolerancia a la incertidumbre
El abordaje de esta hipervigilancia se basa en aprender a relacionarnos de otra manera con los momentos de bienestar. El reto ahora es permitirnos disfrutarlos, y este camino empieza por:

Renunciar a la ilusión de control
La anticipación catastrófica y la actitud defensiva no nos ponen a salvo. El verdadero alivio llega cuando se suelta la necesidad de gestionarlo todo y se asume que la seguridad absoluta no existe.
Soltar la superstición del bienestar
Perderle el miedo a la palabra «bien». Disfrutar de un día tranquilo hoy no nos protege ni atrae a la desgracia mañana; simplemente significa que hoy estamos en paz.
Reducir las comprobaciones para evaluar el bienestar
Cuando nos descubramos cuestionando nuestro bienestar con el típico pensamiento de «a ver cuánto dura», etiquetémoslo como un patrón de control dañino e intentemos dejar de buscar respuestas, por muy difícil que parezca. Aprender a estar bien sin necesitar entender el porqué requiere práctica; es una habilidad que podemos entrenar.
Normalizar las fluctuaciones del bienestar
La tendencia a calcular cuánto va a durar una buena racha nace del miedo a que, si nos permitimos disfrutar de ella, el impacto de un día gris nos pille por sorpresa. Pero las fluctuaciones son parte de la vida; la diferencia es que ahora podemos afrontarlas con recursos que antes no teníamos.
Permitirse estar bien también forma parte del proceso terapéutico
Las mejorías que experimentamos a lo largo de la terapia online son el resultado de nuestro compromiso e implicación. Si nos percatamos de que tememos perder lo conseguido, recordémonos que conservarlo no depende de protegernos contra el futuro, sino de aprender a permitirnos estar bien en el presente.
